Seguramente que has escuchado la frase «no te preocupes, ocúpate» o esta otra que dice «a los problemas soluciones».
Frases que llevan un mensaje claro y directo que parece no dar un resultado útil a muchas personas.
Porque lo cierto es que vivimos, a veces sin darnos cuenta, instalados en la preocupación, sin comprender que esto lleva una trampa implícita. Creemos que preocupándonos vamos a solucionar el problema o mejorar la situación y con el paso del tiempo lo que nos vamos encontrando es con un desgaste físico y emocional.
Cuando me puse a escribir sobre este post busqué el significado etimológico de la palabra preocupación.
Proviene del latín praeoccupatio, -ōnis, que significa «ocupación previa o anticipada». Esto hizo reafirmarme en la idea de la preocupación como hábito para engañarse a una/o misma/o.
A priori la persona cree profundamente que se está ocupando del problema porque piensa en las posibles soluciones o lo que puede controlar/evitar.
Cuando te das cuenta que es una anticipación poco realista de lo que probablemente, suceda en la realidad, encajas las piezas del puzzle y aparece una sensación de tranquilidad.